miércoles, 5 de octubre de 2011
Espejismo
sábado, 28 de noviembre de 2009
Inalcanzable
Cuando el punto de vista no es mas que un simple par de ojos lo imposible se hace infinito y lo alcanzable son sólo los pasos previos hasta caer en la realidad de lo efímero de tus ojos que sólo ven el celeste del cielo, que se cierran molestos por un viento ––que también es aire––, que sólo responden a otros ojos, que sólo reaccionan con otra piel, otra piel tan lejana que da lo mismo el cielo o tu espalda desnuda en una cama; mis ojos ahora se sienten así.
viernes, 13 de noviembre de 2009
Niñez
Un departamento en Villa del parque donde cerca de la estación estaba una juguetería donde había un tren que yo anhelaba y que mi mama nunca me compró pensando que ya se me iba a pasar las ganas de tener aquél juguete.
Una vereda donde jugaba a la pelota y me caí muchas veces.
Una bicicleta amarilla flúor por donde sólo me permitían andar por la vereda.
Un Citroen 2 V color rojo completamente destruido pero que andaba y que nos llevaba a todos lados.
Una bicicleta negra en la que me escape en calles que creaía mías.
Una pelea de mis viejos.
Un día de lluvia que también era navidad.
Una tormenta muy fuerte que inundó las calles del barrio.
Muchos golpes por atolondrado.
Una bicicleta gris y un escape por las calles del barrio y el ausente recorrido por las veredas.
Mi abuela paterna que siempre me daba plata.
Una almeja en San Clemente que se escondió en la arena y parecía un monstruo temible.
Un cumpleaños con pocos amigos.
Una hamburguesa con papas fritas y coca cola antes de ir al cine con mi viejo.
Una banqueta de madera que la usaba de auto de carreras, y una sensación de felicidad lejana, palpable, pero lejana.
Una bicicleta verde marino (con cambios). Y un camino sin Norte.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Borrador
No.
Algo pasaba en el reloj, algo pasaba de éste lado. Tus ojos que me miraban sin reconocerme, nuestros labios que parecían querer esconderse, nuestras manos que parecían esquivarse.
Y siempre los espejos, los reflejos, la luz
que dibuja toda ésta realidad efímera.
Y sin embargo este letargo, estos años
que se acumulan en materia inexistente del otro lado de nuestros ojos.
La memoria cambiante, el pasado mutante, los sueños tan reales.
Acá estás y no estoy, allá estás y yo no voy.
Acá pienso y no sé volver,
allá me equivoco y no sé volver.
Y el deseo, el sufrimiento, la risa y el dolor. El desgaste, la distancia, el llanto y el amor.
No puedo esconderme en las palabras donde nadie sabe buscarme, no sé gritar lo que siento donde tantos ojos siempre saben encontrarme.
Lo abstracto, lo profundo, lo efímero; siempre terrenal. La ambivalencia del rechazo, el espejo hecho pedazos, mi reflejo distorsionado. Y tantos yo, tantos que vos no conocés, tantos que no conozco, tantos que imploro. Pero ninguno ajeno, todos el mismo movimiento, todos la misma luz. Todos yo, todos reflejos, todos ninguno.
Y vuelvo si me pierdo, me encuentro si no entiendo, sonrío si aprendo a sufrir. Y vuelvo si siento el fondo, respiro si falta poco, abro los ojos… abro los ojos porque hay algo por sentir.
Y suspirar… y vivir.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Acumulación
La herida fue como el fin de la inercia, fue el despertar del otro lado de la sangre, fue entender que no entendía nada, que el espejo no era reflejo si no una segunda opción.
Y despertar, la sangre derramada sobre tantas palabras, las palabras derramadas sobre tantas hojas, tantas hojas que se supieron esconder del tiempo, el tiempo que no me reconoció cuando la herida se había transformado en otro recuerdo, cuando el dolor dejaba caer una lágrima, pero no por la herida, sino por la cicatriz.
lunes, 31 de agosto de 2009
Para siempre
Se acercaron porque sus caminos estaban enfrentados. Se sentaron en las únicas mesas vacías porque la soledad también es compañía. Se miraron porque sus ojos buscaban escuchar acordes del pasado y no estación Florida y oficina. Se ignoraron por temor a ser ellos mismos. Se gritaron en silencio porque así se escuchaban mejor. Se entendieron sin preguntas, se amaron sin besarse, llegaron a estar el uno al lado del otro sin tocarse. Después se alejaron sin querer recordar, se olvidaron sin saber llorar, porque el destino era tangente, porque el destino esperaba en otros ojos, en otro tiempo, en otro instante.